Análisis de los dos años desde la proclamación del Estado Islámico: ¿derrotado pero no vencido?

Peshmerga Estado Islámico

El 29 de junio de 2014, Abu Bakr al-Baghdadi, lider del autodenominado Estado Islámico de Irak y Siria proclamó la creación del califato global. Apenas unas semanas antes, los militantes de este grupo escindido de la filial de al-Qaeda en Siria, habían conquistado Mosul en apenas 6 días, mientras el ejército iraquí huía ante el imparable avance yihadista.

El 27 de octubre de ese mismo año escribí “El Estado Islámico tiene fecha de caducidad“. En el artículo detallaba los motivos por los que, a pesar de sus recientes conquistas, el Estado Islámico no tenía futuro en Irak y en Siria.

Hoy, 29 de junio de 2016, el ISIS se encuentra en el momento más débil de su corta historia, tanto militarmente como políticamente. ¿Qué podemos esperar, entonces, del futuro del grupo yihadista?

La derrota militar

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En negro, el Estado Islámico. En amarillo, las fuerzas kurdas y sus aliados. En rojo, el ejército iraquí y el ejército sirio. En verde, Al-Nusra y otros grupos rebeldes.

En estos momentos, las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias (en inglés, SDF), entre las que se encuentran las fuerzas kurdas de Siria, así como milicias árabes, asirias o armenias entre otras, avanzan hacia el noroeste del país. Tras cruzar el Éufrates, las SDF han sitiado la ciudad de Manbij, y amenazan con cortar el acceso del Estado Islámico al último puesto fronterizo con Turquía que controlan, en la localidad de Jarablus. Esto dificultaría, aunque no impediría totalmente debido a la porosidad de la frontera, el acceso de armamento y nuevos reclutas hacia las fuerzas yihadistas. Con cada avance de las milicias kurdas se incrementa la presión militar sobre el Estado Islámico.

En estos momentos la prioridad se centra en controlar la frontera turca. Una vez este objetivo se haya conseguido, queda saber dónde será la próxima ofensiva. Aliados de las fuerzas kurdas, Estados Unidos presiona para avanzar sobre la Raqqa1, la “capital” del califato. Por su parte, tras la caída de Fallujah, es altamente probable que el ejército iraquí se centre en Mosul, como así han anunciado2. Hay que aclarar que la ofensiva de Mosul se ha anunciado sin cesar durante el último año, mientras las fuerzas armadas iraquíes sufrían tantos reveses como victorias.

Tanto kurdos como iraquíes necesitan a la aviación de la Coalición para llevar a cabo sus ofensivas, por lo que es probable que Estados Unidos abogue por atacar Raqqa en primer lugar, para descabezar al califato, y centrarse después en Mosul.

¿La derrota política?

La idea del califato ha fracasado desde un punto de vista político. La creación de un Estado, con sus estructuras administrativas y su gobierno, presenta demasiadas vulnerabilidades para un grupo armado, como es el Estado Islámico. A pesar de su “mala estrategia” militar y política, Al-Qaeda lo ha entendido siempre, y desde el principio se opuso a esta idea.

Una vez el Estado Islámico haya sido vencido militarmente en Irak y en Siria, queda saber qué sucederá con su proyecto político entre las demás facciones yihadistas en otros países que se adherieron al califato.

Este no es el final de la violencia en Irak y en Siria

Aún con la derrota a un nivel militar y político del Estado Islámico, los ejércitos iraquíes y sirios no se encuentran en posición de reconquistar las zonas perdidas desde 2011. No sólo porque la población civil, de mayoría suní, lleva sufriendo durante años la discriminación y la violencia de ambos gobiernos.

La situación en ambos países ha cambiado sustancialmente, en especial en las zonas kurdas del norte de Irak y Siria. Los ejércitos de ambos países, a largo plazo, no sólo tendrán que enfrentarse a una insurgencia suní creciente, sino también a la nueva realidad kurda. Los kurdos poseen gobiernos estables que controlan firmemente amplios territorios y que cuentan con ejércitos preparados, armados y con gran experiencia en combate. Es difícil imaginar cómo encajará esta realidad en la visión de los gobiernos de Bagdad y Damasco después de la guerra.

La desaparición del Estado Islámico no traerá el fin de la guerra en Irak y Siria.

La violencia no acabará con el fin del Estado Islámico

La prueba la tenemos en los terribles atentados de Estambul, de Líbano, de París o de Bélgica. Tras la derrota militar del Estado Islámico, un gran número de adeptos al califato continuarán la lucha, dentro de Irak y Siria, contra los ejércitos de ambos países.

Otra consecuencia que, sin duda, ya estamos notando son los múltiples atentados terroristas que sucederán con mayor frecuencia según se acerque el fin de Daesh. No sólo porque el Estado Islámico ha recurrido a este tipo de acciones en momentos de grandes derrotas, sino porque quedan, tanto en Europa como en Asia y otras partes del mundo, centenares de seguidores del califato que pueden llevar a cabo ataques terroristas sin necesidad de coordinarse con un “cerebro” que les dirija. ¿Cómo combatir a un enemigo invisible?

Análisis sobre los conflictos, la actualidad y el futuro de Oriente Medio. De Egipto a Turquía y de la política en Líbano a la guerra civil siria.

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