Kurdos, iraquíes y yihadistas: la batalla por el control del agua en Irak

Tigris Eufrates agua ríos Irak

A principios de 2014, el ejército iraquí se encontraba bloqueado. A pesar de contar con armamento y entrenamiento proporcionado por Estados Unidos, no conseguían frenar los crecientes ataques insurgentes en la región de Anbar, junto a la frontera siria. Incluso se llegó a recurrir a tácticas de guerrilla para combatir contra las milicias con sus mismas armas, sin lograr ningún avance significativo.

En aquel momento surgió la idea, entre los altos mandos, de recurrir al agua como arma para luchar contra los insurgentes. El ejército se hizo con el control de la presa de Haditha, en el río Éufrates (a 250 km al oeste de Bagdad) y abrió las compuertas del embalse, inundando amplias zonas de la provincia donde los insurgentes se habían hecho fuertes. Al mismo tiempo, esto causó inundaciones en pueblos y ciudades ajenos a los combates, mientras que río abajo sufrían cortes en el suministro de agua.

El Estado Islámico no tardó en imitar las prácticas del ejército iraquí. Después de conquistar la presa de Fallujah, cerraron sus compuertas para evitar que el agua fluyera hacia las regiones del sur del país, de mayoría chií. Tras unos días, los insurgentes decidieron dejar que el agua acumulada en el embalse fluyera río abajo para inundar las zonas que se encontraban bajo el control del ejército iraquí e impedir su avance hacia la presa.

El Estado Islámico no necesita avanzar militarmente sobre Bagdad o sobre las regiones chiíes del sur de Irak para expandir su zona de acción. En estos momentos, el grupo controla cuatro de los principales embalses situados en el Tigris y el Éufrates, y con ellos, el destino de millones de personas que viven en la cuenca de estos ríos. Quien controla las fuentes de agua en Irak, controla el destino de la nación.

Ni siquiera es necesario causar una inundación o cortar el suministro de agua para ejercer presión. En abril, los insurgentes atacaron un oleoducto cerca de Tikrit, lo que provocó derrames de petróleo en el Tigris. 150 km río abajo, en Bagdad, las grandes manchas de crudo obligaron a cortar el suministro de agua potable en la capital, ya que las plantas de tratamiento no podían filtrar los elementos contaminantes.

En medio de la batalla por el control del agua se encuentra la presa de Mosul

No es de extrañar, ya que la presa de Mosul es la mayor del país y la más importante a nivel estratégico. Proporciona electricidad a los 1.7 millones de habitantes de Mosul y regula las crecidas del Tigris que riegan las amplias zonas agrícolas de la región.

Ya en 2003, la inteligencia estadounidense temía que fuerzas leales a Saddam hubieran minado la presa para hacerla estallar cuando las tropas americanas de acercaran a Mosul. En el peor de los casos, se calculaba que la riada causada por el colapso de la presa podría arrasar Mosul y Bagdad, provocando medio millón de muertes civiles. Al final, resultó ser más imaginación que realidad.

Billete iraquí con la presa de Mosul al fondo
Billete iraquí con la presa de Mosul de fondo

Cuando el 7 de agosto el Estado Islámico conquistó la presa de Mosul, el miedo a que el embalse fuera utilizado como arma de destrucción contra la población civil regresó. Apenas un día después, los insurgentes cortaban el suministro de agua a aquellos pueblos que se habían negado a colaborar con el grupo insurgente.

Lógicamente, el objetivo del Estado Islámico no era hacer estallar la presa de Mosul, ya que habrían causado más daños a su propia infraestructura que al territorio controlado por el gobierno iraquí. La presa es un punto estratégico, no sólo porque permite controlar el suministro de agua a numerosas regiones del país, sino porque es la llave que permite la expansión hacia el norte y el este, ambas zonas controladas por los Peshmergas kurdos.

Inmediatamente, Estados Unidos comenzó a emplear drones para bombardear posiciones del Estado Islámico en el norte del país. Para hacernos una idea de la importancia de la presa, las fuerzas aéreas norteamericanas no habían intervenido en territorio iraquí desde hacía más de tres años. Esta campaña de bombardeos coincidió con los esfuerzos por llevar ayuda humanitaria a los miles de yazidíes que se encontraban rodeados por milicianos del EI en el monte Sinjar.

Tras 10 días de bombardeos y la llegada de Peshmergas kurdos recién equipados y entrenados, el Estado Islámico perdió el control de la presa de Mosul y de sus inmediaciones. También marcó la primera derrota significativa de los yihadistas tras meses de conquistas sin encontrar oposición.

El Estado Islámico no es el único grupo que lucha por el control del agua en Irak

Estoy convencido que, durante unos pocos minutos después de que los Peshmerga kurdos recuperaran la presa de Mosul de las manos del Estado Islámico, el gobierno iraquí debió celebrarlo por todo lo alto, hasta que se dieron cuenta de que seguían teniendo un problema.

Porque ahora no es el Estado Islámico quien controla la presa. Son los kurdos. El Gobierno Regional del Kurdistán, para ser más exactos. Los mismos que, en febrero, cortaron el agua a granjeros iraquíes en el Kurdistán iraquí para protestar por el retraso de los pagos prometidos desde el gobierno de Bagdad.

El ejército iraquí se ha visto incapaz de mantener sus posiciones en la presa de Mosul, por lo que los Peshmergas son la única fuerza que controla efectivamente la presa.

El Kurdistán no sólo se encuentra físicamente separado del resto de Bagdad (por la presencia del Estado Islámico), sino que los Peshmergas controlan la mitad de las tierras cultivables en el norte de Irak y aún más importante, el 75% del agua del país que pasa por el Tigris.

El Kurdistán iraquí es, hasta la fecha, la única región que ha expresado claramente su intención de convertirse en un país independiente, mientras que en Siria o Irán, los kurdos abogan, de momento, por una mayor autonomía. En las negociaciones con el gobierno iraquí, controlar una gran parte de los recursos petrolíferos y acuíferos es una gran ventaja para los kurdos.

Y aunque no estemos hablando de usar estos recursos como armas contra el gobierno iraquí, difícilmente este se podrá oponer a las pretensiones de los kurdos ya que no dispone de ninguna medida de presión, si no contamos la fuerza militar.

Fuente: National Geographic
Fuente: National Geographic

Sin embargo, el Tigris y el Éufrates no nacen en Irak

Y tanto el gobierno iraquí como el Gobierno Regional del Kurdistán se encuentran a merced de Turquía, Irán y Siria, y del uso abusivo, o no, que hagan del agua.

Tanto Turquía como Irán, destinan gran parte del agua que normalmente acabaría en el Tigris y el Éufrates para su agricultura y para extraer energía.

En ambos países, además, se están construyendo nuevas presas que ejercerán una presión suplementaria sobre el río Tigris. De hecho, en los últimos 15 años se ha llegado a reducir el caudal del río en un 82%1.

El uso abusivo del agua para fines humanos, unido a la falta de precipitaciones en la región, han empeorado la sequía que se extiende desde 2006 y que han tenido un impacto significativo en las vidas de aquellas personas cuya subsistencia depende de la agricultura.

En Siria, en 2010, un informe de la ONU advertía que la sequía había empujado a más de 3 millones de personas a la pobreza extrema2, especialmente en las zonas del este del país, ahora controladas por el Estado Islámico. Hacia 2011, 1,5 millones de personas habían emigrado desde el campo a las ciudades, con la presión social que ello conllevaba. Aunque la sequía no causó la revuelta en Siria, fue, sin duda, uno de los factores clave que llevaron a ella3.

Por ello no es de extrañar que, en 2013, cuando el Estado Islámico conquistó la presa de Tabqa, su primera medida fue abrir las compuertas para producir electricidad y, al mismo tiempo, permitir regar los campos con el fin de conseguir apoyos entre la población local. Una medida que, a pesar de ser muy bien acogida, empeoró la sequía, impidiendo el acceso al agua durante meses en la ciudad de Alepo y las zonas rurales colindantes.

El Tigris y el Éufrates no nacen en Irak, pero sí que desembocan en él. Y más que del petróleo, el país depende de ambos ríos para sobrevivir.

Boutros Boutros-Ghali ya dijo, hace años, que las próximas guerras en Oriente Medio se librarían por el agua, y no por cuestiones políticas. Y razón no le falta.

Análisis sobre los conflictos, la actualidad y el futuro de Oriente Medio. De Egipto a Turquía y de la política en Líbano a la guerra civil siria.

2 Comments

  1. Ya en el año 2000, a mis compañeros de trabajo les decía, en las típicas charlas del cafelillo, que las guerras del futuro tendrían como co-protagonista muy principal al agua. Y se tronchaban de risa. En el 2002-2003 se lo volví a recordar, diciéndoles que quien controlase la sed controlaba la región. Esta vez, algunos, no se rieron tanto.
    Ojalá hubiera existido tu blog en esa época y hubiera podido resumírselo como lo has hecho tú a nosotros.
    Simplemente magnífico, muchas gracias. Y encima…incluyes mapas

    1. Bueno, qué puedo decirte más que muchísimas gracias por tu comentario!

      Es verdad que el agua se ha convertido en el pivote central de Oriente Medio y, sin embargo, es un tema del que no se habla tanto como se debería. El petróleo es más llamativo, y ciertamente muy necesario para la economía de los países pero, al final del día, nadie puede beber petróleo para calmar su sed!

      No es ninguna casualidad que se relacione la sequía que persiste en Oriente Medio con la revolución en Siria, así que buena razón tenías cuando hablabas de las guerras del agua hace años!

      Mucho me temo que no será la última vez que trate las guerras del agua, pero en cualquier caso me aseguraré de incluir mapas!

      Un saludo y un abrazo!

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