Un espía americano entre palestinos

Una noche de abril de 1973, 16 comandos israelíes desembarcaron en las playas de Beirut. Se deslizaron por las oscuras calles de la capital en dirección a la calle Verdun. Antes de que pudieran reaccionar, 3 líderes de la OLP (Organización por la liberación de Palestina) cayeron bajo las balas israelíes. Después de un tiroteo con la policía, los comandos desaparecieron hacia el Mediterráneo.

Yasser Arafat se había salvado de milagro. Se encontraba a escasos metros de los israelíes. Uno de sus guardaespaldas escuchó a unos hombre susurrando en hebreo y se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. Metió a Arafat en un coche y escaparon del comando israelí.

Tanto Arafat como Hassan Ali Salameh, su jefe de seguridad, habían sido prevenidos por un agente de la CIA de un inminente atentado israelí, pero habían ignorado las advertencias. Tras escapar con vida de los comandos, Arafat declaró:

“A partir de ahora, lo que diga Bob Ames es como si estuviera escrito en el Corán”

Un espía americano en Beirut

robert amesRobert Ames se unió a la CIA en 1960. En aquellos tiempos, la agencia se inclinaba hacia los medios tecnológicos frente a las fuentes humanas como método para obtener información. Sin embargo Ames prefería la segunda opción. Su facilidad para granjearse la amistad de posibles informadores le convirtió en un activo importante para la CIA.

Había aprendido a hablar árabe durante su instrucción militar, por lo fue inmediatamente asignado a la sección de Oriente Medio. Dentro de la CIA, el mundo árabe aún no tenía la importancia que acabaría adquiriendo. La Guerra de los Seis Días, el auge de la OLP, la guerra civil libanesa y los grandes atentados suicidas contra objetivos americanos quedaban aún lejos.

Después de  ser asignado a Arabia Saudí y Yemen, Ames acabó llegando a Beirut. Su facilidad para conectar con los libaneses (sin duda facilitado por sus conocimientos de árabe) le hizo conocer a Mustafa Zein, un  hombre de negocios chií muy cercano a la OLP de Arafat. En todo momento, Zein supo que Ames era un agente de la CIA, pero no le importó. Compartían intereses tanto personales como profesionales. No tardaron mucho en convertirse en amigos. Durante todo este tiempo, Mustafa Zein rechazó que le pagaran por sus servicios. Creía que su deber era acercar el mundo árabe al país que tanto admiraba, Estados Unidos.

En Beirut, Zein presentó a Ames quien sería su mayor fuente de información dentro de la OLP: Ali Hassan Salameh, el príncipe rojo.

El príncipe rojo

Ali Hassan Salameh nació en Bagdad en 1942, en el seno de una familia palestina. Su padre había sido uno de los líderes de las revueltas contra el dominio británico de Palestina. Durante la 2ª Guerra Mundial llegó a lanzarse en paracaídas sobre Jerusalén junto a varios comandos alemanes en una misión que acabaría siendo un fracaso. Vivió lo suficiente para ser testigo de la partición de su Palestina natal y de la creación del estado de Israel. Luchó en la guerra que siguió y murió en junio de 1948 por heridas de mortero. Ali Hassan, su hijo, estaba destinado a seguir los pasos de su padre y a convertirse en un referente de la causa palestina.

En mayo de 1964, Ali Hassan asistió a la convención del Consejo Nacional Palestino en cuyas reuniones se creó la OLP de Yasser Arafat. No tardó en unirse al movimiento y en convertirse en la mano derecha del líder palestino.

Ali Hassan Salameh
Ali Hassan Salameh en una de las pocas fotos que se conservan

Cuando Robert Ames conoció a Salameh en Beirut, este dirigía el operativo de seguridad y espionaje de la OLP. Ames entró en contacto con Ali Hassan ofreciéndole un canal de comunicación directo entre los palestinos y el gobierno de EEUU. Hay que entender que, en aquellos momentos, mantener reuniones con la OLP era como si en la actualidad Obama autorizara reuniones con al-Qaeda. En los años 70, Estados Unidos rechazaba incluso reconocer la existencia de la organización de Arafat, ya que hubiera supuesto aceptar, de facto, a Palestina como estado. Robert Ames, con su propuesta, representaba una oportunidad única para los palestinos.

Salameh nunca se convirtió realmente en un agente al servicio de la CIA, pagado por la agencia. Era un aliado valioso con acceso a información y a recursos que, de otra manera, hubieran sido inaccesibles para los americanos. De hecho, Ames se negó a reclutarle para la agencia, aún cuando sus superiores se lo ordenaron. Ames era consciente que, en medio del caos de la guerra civil libanesa, era necesario contar con Ali Hassan.

En junio de 1976, un año después del estallido de la guerra, el embajador norteamericano Frank Meloy, junto con el consejero económico de la embajada Robert Waring, fueron secuestrados. A los pocos días se encontraron sus cadáveres en un vertedero de Beirut. Los culpables eran miembros del FPLP (Frente Popular por la Liberación de Palestina), una milicia palestina opuesta a la OLP de Arafat. Salameh se encargó de proteger y de asegurar la ruta del convoy que trasladaba los cuerpos de los diplomáticos hasta Damasco, desde donde viajaron por avión a Estados Unidos.

En varias ocasiones, Salameh proporcionó información sobre ataques de facciones palestinas o grupos de izquierda europeos contra objetivos americanos. A cambio, Ames siempre protegió al hombre que se había convertido en su amigo de atentados del servicio secreto israelí. En una ocasión, Ali Hassan llegó incluso a visitar Disneyland con su familia bajo la protección de la CIA. El Mossad nunca llegó a sospechar nada.

En 1973, Golda Meyer, primera ministra de Israel, ordenó cesar los asesinatos que siguieron a los atentados en las olimpiadas de Munich. Sin embargo, la llegada de Begin al gobierno cambió la agenda. Salameh volvía a ser objetivo del Mossad.

Los agentes secretos israelíes se aproximaron, en un primer momento, a sus homólogos de la CIA para descubrir si Salameh trabajaba para la agencia americana. No obtuvieron respuesta. El Mossad tenía carta blanca.

Robert Ames supo de las intenciones del Mossad inmediatamente. Rápidamente intentó prevenir a Salameh del atentado que se preparaba contra él. Sin embargo, en esta ocasión su advertencia no llegó a tiempo. Durante años, Ames había aconsejado a Ali Hassan que cambiara su rutina, con escaso éxito. El 22 de enero de 1979, un coche bomba hizo explosión al paso del convoy. Cada semana seguía la misma ruta, un error que el Mossad aprovechó. Salameh, junto a cuatro de sus guardaespaldas y cuatro viandantes que pasaban por aquella calle murieron en el atentado.

Ames había perdido a su mejor contacto en la OLP y, lo que es más, a un buen amigo. Hubo un antes y un después de la muerte de Salameh en el espionaje de la CIA. La administración de EEUU había perdido a un valioso interlocutor en Oriente Medio. Más importante aún, la desconexión entre los agentes sobre el terreno, como Ames, y el gobierno americano se hizo patente con la llegada de Reagan al poder en 1981.

Una anécdota en particular explica perfectamente esta “desconexión”. Cuando los analistas de la CIA intentaron explicar al recién elegido presidente las diferentes facciones palestinas, este se tomó unos momentos para reflexionar. Acto seguido exclamó: “pero todos son terroristas, ¿no?”.

FatehMilitia

A partir de aquel momento los acontecimientos se precipitaron en Oriente Medio. La guerra civil libanesa se encontraba en su apogeo. Israel había invadido el sur del Líbano en 1978 en un intento de frenar los ataques palestinos desde suelo libanés. La invasión no había dado los resultados esperados y en 1982 las tropas israelíes lanzaron una operación para hacerse con el control de la capital y acabar con las milicias palestinas. El ejército avanzó hasta las afueras de Beirut. La situación era desesperada. En el último momento se llegó a un acuerdo internacional que permitiría evitar lo peor: la OLP se retiraría de la ciudad hacia Túnez, Israel no entraría en Beirut y una fuerza multinacional vigilaría que las partes respetaran el acuerdo.

La “paz” no duró mucho. El 14 de septiembre de 1982 Bashir Gemayel, líder de las milicias cristianas (la Falange libanesa) y recién elegido presidente del Líbano fue asesinado en su cuartel general. Los falangistas clamaban venganza. Al día siguiente, tropas israelíes penetraron en Beirut Oeste y rodearon el campo de refugiados de Sabra y Chatila. Durante la noche lanzaron bengalas para iluminar a los milicianos cristianos mientras estos masacraban a los civiles palestinos. 2.500 mujeres y niños murieron en los dos días siguientes. No había nadie para protegerles.

Estados Unidos se había convertido en el enemigo. No sólo era aliado de Israel y había apoyado la candidatura de Bashir Gemayel a la presidencia. Había permitido la salida de los milicianos de la OLP y no había protegido a los civiles palestinos cuando lo necesitaron.

El destino de Beirut

Beirut barrack bombingEl 18 de abril de 1983, un camión cargado de explosivos se empotró contra la embajada de Estados Unidos en Beirut. Estalló al instante, matando a 64 personas. Robert Ames se encontraba entre las víctimas. Apenas unos meses después, otra bomba acabó con la vida de 241 soldados en los cuarteles de los marines en el aeropuerto de Beirut. Las tropas americanas se retiraron del Líbano.

Tanto Ali Hassan Salameh como Robert Ames eran piezas clave en el futuro de Oriente Medio. Los canales de comunicación que establecieron hicieron posible los acuerdos de paz de Oslo de 1993 entre israelíes y palestinos. Ninguno de ellos vivió para verlo.

El ocaso de Estados Unidos en Beirut fue el inicio para una organización recién creada que salía de las sombras: La Organización de la Yihad Islámica. Tal vez el nombre no te suene. Hoy en día se conoce como Hezbollah. Los atentados contra la embajada norteamericana y el cuartel de los marines en Beirut fueron sólo el principio de una larga carrera de atentados y secuestros.

En los años 70, la CIA entrenó a los guardaespaldas de Arafat que servían bajo el mando de Salameh. Uno de esos hombres se llamaba Imad Mughniyeh, un chií proveniente de una familia pobre del sur del Líbano. En 1983, Imad Mughniyeh fue uno de los hombres que ideó el atentado contra la embajada norteamericana en el que murió Robert Ames.

Todo está conectado en Oriente Medio.


the-good-spyMás allá del blog, la historia de Robert Ames me ha estado acompañando durante los últimos días. Investigando, encontré la novela que Kai Bird acababa de escribir sobre este fascinante personaje que se movía por Oriente Medio como un Lawrence de Arabia moderno. Desde la primera hasta la última línea, he estado enganchado a una intriga en la que las líneas entre amigos y enemigos se desdibujan muy fácilmente. Desde la captación de Ames como espía de la CIA hasta su muerte en los atentados contra la embajada norteamericana, el autor describe a la perfección los acontecimientos que condujeron a Estados Unidos a ser percibido como “potencia colonizadora” en Oriente Medio. No había disfrutado tanto desde que leí ‘Pity the nation’ del periodista Robert Fisk (otro libro que os recomiendo encarecidamente).

El libro no está traducido aún al castellano, ni se puede encontrar en librerías, pero si queréis leer una asombrosa historia de espías, no os lo penséis más y pedid el libro por Amazon (por otra parte, es el único sitio donde se puede encontrar por el momento).

Análisis sobre los conflictos, la actualidad y el futuro de Oriente Medio. De Egipto a Turquía y de la política en Líbano a la guerra civil siria.

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