De milicia a ejército profesional. Hezbollah y el Líbano, 10 años después de la guerra de 2006.

bandera Hezbollah

Tal día como hoy, hace 10 años, el grupo armado chií Hezbollah y el ejército israelí intercambiaban los primeros disparos de una guerra que duraría 34 días y que causó la muerte de centenares de civiles libaneses así como de decenas de civiles israelíes.

En 2006, el entonces Primer Ministro Fouad Siniora no pudo contener las lágrimas frente a los ministros de la Liga Árabe al hablar de la destrucción y de las muertes que la guerra había traído al Líbano. Una imagen contraria a los mensajes triunfalistas que el líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah, transmitió a la población libanesa. Hezbollah había logrado vencer al gigante israelí, sí, pero al precio de cientos de vidas de civiles libaneses, miles de desplazados y la destrucción de la infraestructura de transportes del Líbano.

Aunque la influencia política de Hezbollah en Líbano ha aumentado durante estos 10 años así como su poder militar, el grupo chií se enfrenta a su mayor reto hasta la fecha, sobrevivir a la guerra civil en Siria.

A nivel político, 2008 supuso un antes y un después.

A finales de 2006, Naciones Unidas había creado el Tribunal Especial del Líbano para juzgar el asesinato, un año antes, del ex-Primer Ministro Rafiq Hariri. El gobierno libanés aprobó la creación de dicho tribunal, que previsiblemente iba a acusar a miembros de Hezbollah de la muerte de Hariri. Como respuesta, Hassan Nasrallah llamó a manifestarse pacíficamente para “preservar la independencia y la soberanía del Líbano” en unas movilizaciones que desembocaron en la ocupación del centro de la capital libanesa y en un conflicto abierto entre los partidarios de la Alianza del 14 de marzo y de la Alianza del 8 de marzo (para no perderte, te recomiendo que eches un vistazo a la guía para entender la política libanesa).

Tras una semana de enfrentamientos armados, todas las partes llegaron a un acuerdo en Doha, según el cual se redistribuía el equilibrio de poder entre las distintas facciones1. En la práctica, Hezbollah salió políticamente reforzado del conflicto de 2008, obteniendo, entre otras concesiones, poder de veto sobre las decisiones del gobierno libanés.

Políticamente, Hezbollah obtuvo una segunda victoria política con los acuerdos de Doha. Estos ponían fin a la violencia entre las distintas facciones, pero no ponían en entredicho el armamento acumulado por Hezbollah, la participación del grupo en el asesinato de Rafiq Hariri o la relación del Líbano con su vecina Siria, cuyas tropas abandonaron el país de los cedros en 2005.

La guerra de 2006 demostró que Hezbollah podía enfrentarse a una de las mayores potencias militares del mundo.

Y es que antes de 2006, Hezbollah había adquirido experiencia de combate tanto en la guerra civil libanesa (1975-1990) como en la guerra de guerrillas que siguió hasta la retirada total del ejército israelí de Líbano en 2000. Pero ese era, precisamente, el ámbito en el que mejor se movía el grupo armado chií. La guerra de 2006 demostró que Hezbolah podía hacer frente, con su arsenal relativamente limitado a un ejército moderno convencional.

En los años siguientes a 2006, Hezbollah no sólo aumentó el número de milicianos entre sus filas2, sino que quintuplicó su arsenal de misiles y cohetes, desde 30.000 hasta 150.000.

Cuando, en 2011, la guerra civil de Siria estalló, Hezbollah estaba preparado y armado para proteger a su aliado, Bashar al-Assad. Desde entonces, sus milicianos han combatido junto a los soldados del ejército sirio contra los rebeldes, pero también junto al ejército libanés contra los yihadistas en Sidón y el este de la Beqaa.

La intervención de la milicia chií en Siria ha supuesto su transformación, de un grupo insurgente habituado a la guerra de guerrillas a un ejército convencional que precisamente combate contra insurgentes yihadistas.

Por otra parte, la raison d’être de Hezbollah, pieza clave de su retórica, ha girado desde la resistencia contra Israel a la perpetuación del régimen de Bashar al-Assad y, en definitiva, la protección de su propia existencia (la caída del regimen sirio aislaría a Hezbollah en Líbano).

En este sentido, la guerra civil siria también está disminuyendo el poder armado del grupo chií. En estos últimos años, Hezbollah ha perdido al menos 1.000 milicianos en los combates en Siria6, además de a decenas de oficiales de mayor graduación y experiencia.

Al intervenir en la guerra civil siria, Hezbollah no sólo ha ligado su propia supervivencia a la del regimen de Basha al-Assad, sino que también ha perdido a parte de su base social en Líbano. El ejército libanés se ha visto arrastrado también a la violencia sectaria entre suníes y chiíes, al participar en combates contra yihadistas en el país de los cedros junto a milicianos chiíes.

Las sanciones económicas han echo mella en un Hezbollah debilitado tras cinco años de guerra en Siria.

El 12 de junio explotó en Beirut una bomba que no iba dirigida contra una personalidad política o un barrio controlado por una facción rival. El objetivo era enviar un mensaje al Banco del Líbano.

El atentado coincide con el cierre de numerosas cuentas bancarias, tanto de individuos como de organizaciones relacionados con Hezbollah. Unos meses antes, Barack Obama había firmado una ley que extendía las sanciones económicas, incluyendo a personas físicas y a la cadena de televisión Al-Manar, perteneciente al grupo chií. Unas medidas económicas que coinciden con la declaración del Consejo de Cooperación del Golfo de considerar a la milicia chií como grupo terrorista3.

Apenas dos horas antes del ataque al Banco del Líbano, un artículo anónimo, autoatribuido una fuente cercana a la milicia chií4, se publicó en la agencia de noticias iraní Fars News. En dicho artículo se mencionaban de las “reacciones imprevistas” que el cierre de las cuentas bancarias relacionadas con Hezbollah podía tener para el Banco del Líbano. Una amenaza poco velada que se materializó esa misma noche.

Unido al efecto de las sanciones económicas sobre su aliado, Irán y a la bajada del precio del petróleo, Hezbollah se encuentra en un momento económicamente delicado. Por una parte, el grupo chií se ha visto obligado a aumentar su gasto en política social y en pagar a las familias de los caídos en Siria para intentar recuperar el apoyo de sus bases5. Sin embargo, esto se ha visto ligado a una política forzada de austeridad por falta de fondos. Se ha recortado especialmente en salarios de militantes y cargos.

Tanto políticamente como militarmente, estos últimos 10 años han sido una montaña rusa para Hezbollah.

Mientras que políticamente, su influencia en el gobierno (o lo que es lo mismo, su capacidad de veto) ha aumentado, la participación en la guerra civil Siria ha hecho tambalearse sus bases sociales.

Tanto políticamente como militarmente, el grupo armado chií ha pasado de ser un actor secundario a uno de los más influyentes e importantes de la región. De mantener una base mínima de milicianos a estar mejor preparado y armado que el ejército libanés.

Sin embargo, el futuro del grupo chií, y su supervivencia, se decidirá en Siria. Hezbollah depende de la continuidad de Bashar al-Assad, así como de mantener el eje chií (Líbano, Siria, Irak, Irán) a través de la región. Sin embargo, incluso una victoria militar podría convertirse en una derrota social. ¿Cuantos milicianos caídos podrán soportar las bases sociales de Hezbollah? ¿La presión económica hará tambalearse al gigante chií?

¿Qué opináis?

Análisis sobre los conflictos, la actualidad y el futuro de Oriente Medio. De Egipto a Turquía y de la política en Líbano a la guerra civil siria.

2 Comments

  1. Yo considero discutible la interpretación de una victoria de Hezbolá en aquella guerra. Es más, ¿qué criterios de victoria se pueden emplear para juzgar aquella guerra?

    Nasrallah dijo en una entrevista que si llega a saber que la respuesta israelí iba a ser tan contundente no hubiera iniciado el conflicto. En Israel hablan de “una década de silencio en el norte”. Aunque es cierto que la guerra en Siria es un factor clave desde 2011 para entender que Hezbolá está volcada en otro frente. Aún así, han sido repetidos los ataques de la aviación israelí contra objetivos de Hezbolá dentro de Siria y sólo hubo respuesta a un bombardeo en el que murió un general iraní en los Altos del Golán.

    Al final, podemos hablar del efecto disuasivo de aquella guerra.

    1. Hombre, la guerra de 2006 ha sido definida una y otra vez por Nasrallah como una “victoria divina”. Lo puedes ver en este vídeo de 2006, de después de la guerra, para no ir más lejos (https://www.youtube.com/watch?v=uWdd4QpLC_8).

      Otro tema es que, efectivamente, Nasrallah reconoció que la guerra fue un error. Pero en ningún momento ha dejado de mencionar su “victoria”.

      Y un tercer tema es que efectivamente…¿la guerra fue una victoria? Para Hezbollah fue una victoria por una cuestión de propaganda. Le permitió reclutar miles de milicianos en los años siguientes y justificar su necesidad de disponer de mayor armamento.

      Para el Líbano, la guerra fue catastrófica. Centenares de civiles murieron, la infraestructura de transportes quedó destrozada y la economía sufrió un duro golpe, así como el turismo.

      Coincido contigo en el efecto disuasivo de la guerra de 2006. Pero personalmente creo que Israel prefiere que Assad gane la guerra, y una vez los rebeldes+yihadistas hayan sido derrotados, Israel puede intervenir en Líbano y Siria contra un Hezbollah mucho más debilitado tras años de guerra. Para Israel sería un win-win.

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