Sin más amigos que las montañas, ¿qué futuro tendría un Kurdistán independiente?

Guerrillero PKK kurdo

Como reza el dicho que han utilizado los kurdos durante generaciones y los analistas occidentales durante los últimos meses: “los únicos amigos de los kurdos son las montañas”.

Durante unas interminables semanas, este dicho reveló su más amplio significado en Kobane, mientras el Estado Islámico lanzaba a sus milicianos contra las posiciones kurdas sin que la comunidad internacional lo impidiera. Irónicamente, la situación desesperada de los kurdos también ha permitido dar a conocer su causa por todo el mundo y ganar apoyos internacionales allí donde nunca hubiéramos imaginado.

Uno de los mayores retos al que se enfrentaría un Kurdistán independiente sería nacer rodeado por enemigos y sin apoyos internacionales. Y, sin embargo, las apariencias pueden ser engañosas. ¿Es posible que Turquía aceptara un Kurdistán independiente? La respuesta nos puede sorprender.

Rodeados de enemigos o aliados con las grandes potencias, ¿es posible un Kurdistán independiente?

No, Turquía está en contra de la independencia.

Para el gobierno de Ankara, no existe tal cosa como ‘el pueblo kurdo’, sino que se trata de turcos de las montañas. Esta creencia permite entender cómo fue posible que, durante 30 años, el PKK kurdo y el ejército turco mantuvieran una sangrienta lucha en la que murieron 40.000 personas.

Durante todos aquellos años, el objetivo de los kurdos era crear un Estado independiente que abarcara el sudoeste de la actual Turquía. Y, sin embargo, desde que, en 2012 se firmara un alto el fuego entre el PKK y el gobierno turco, los kurdos han renunciado a la lucha por la independencia, exigiendo únicamente mayor autonomía dentro de Turquía. Demandas que Ankara ha ignorado repetidamente.

Con la fragmentación de Siria e Irak y la emergencia del Estado Islámico, Ankara ha visto como en ambos países los territorios kurdos se constituían, de facto, como Estados completamente independientes de los gobiernos centrales.

El miedo del gobierno de Ankara es tal que, aún cuando los kurdos sirios han expresado sus intenciones de seguir formando parte de Siria tras la guerra, únicamente con una mayor autonomía, Turquía teme que la mecha independentista vuelva a prender entre los kurdos turcos.

Sí, Turquía está a favor de la independencia.

“No deseamos que Irak se desintegre. Pero si el país se dividiera oficialmente, los kurdos del norte de Irak tienen a derecho a determinar su futuro político por si mismos, igual que el resto de pueblos iraquíes”. Quién pronunció estas palabras no es otro que Huseyin Celik, portavoz del gobierno turco.

Es más, aunque el gobierno turco apoya un Irak unido con una integridad territorial estable, Ankara reconoce que, sobre el terreno, la realidad no podría ser más favorable a los intereses independentistas kurdos.

El mismo gobierno que ha mantenido una sangrienta guerra con los kurdos, apoya un Kurdistán independiente. Por supuesto, hay truco. Ankara aceptaría la independencia…si la patria para los kurdos se creara únicamente en territorio iraquí.

Hay dos razones principales que explican esta postura. La primera, es histórica. ‘Divide y vencerás’. Desde hace décadas, el gobierno turco ha apoyado militarmente a los kurdos del norte de Irak en los sucesivos enfrentamientos que las diferentes facciones kurdas han mantenido entre ellas.

La segunda razón es puramente económica, ya que la importación de petróleo hacia Turquía se ha convertido en un factor clave en la relación entre Ankara y la región autónoma del Kurdistán. Turquía se beneficia ampliamente de los 120.000 barriles de crudo que los kurdos producen cada día y que son enviados, mediante un oleoducto, desde Kirkuk hasta el puerto de Ceyhan, en el sur de Turquía. El Kurdistán iraquí se ha convertido, además, en en el segundo mayor importador de bienes producidos en Turquía.

Un Kurdistán iraquí independiente tendría su puerta de entrada y salida de materiales, inversiones y petróleo en Turquía, y ambos gobiernos son claramente conscientes de las positivas repercusiones económicas que la independencia traería.

No, Irán nunca lo permitiría.

Porque si existe un país que ha convivido, hasta en tres ocasiones, con un Kurdistán independiente es Irán.

En 1918, en 1941 y en 1946, los kurdos en Irán intentaron establecer un Estado kurdo, aprovechándose de la debilidad del gobierno de Teherán. En las tres ocasiones, el experimento duró algunos años, hasta que el ejército iraní aplastó a las fuerzas kurdas, forzando a miles de civiles al exilio.

La militancia kurda en Irán continuó durante los años del Shah. Tras la revolución islámica, y al comprobar que el nuevo régimen de Khomeini no significaría la tan ansiada libertad, los kurdos se alzaron en armas, una vez más, contra Teherán.

Al contrario que Turquía, Irán teme que la independencia del Kurdistán iraquí traería consigo un nuevo alzamiento kurdo contra el gobierno central, y probablemente no se equivoque. Aunque a menor escala, existen bolsas de resistencia kurda que han llevado a cabo ataques muy localizados contra objetivos del gobierno. Un Estado kurdo en la región insuflaría nueva vida en el movimiento miliciano kurdo.

Por otra parte, la creación de un Estado independiente kurdo traería consigo la partición de Irak y la desaparición del gobierno controlado por los chiíes en Bagdad. Aunque en un primer momento, el régimen de Teherán apoyó abiertamente a los kurdos en su lucha contra los milicianos del Estado Islámico, la postura iraní hacia el Gobierno Regional del Kurdistán es cada vez más hostil.

En último lugar, Teherán está preocupado por las consecuencias internacionales que la independencia supondría. Con un Estado kurdo ligado económicamente a Turquía, aliado de Israel y cercano a los gobiernos occidentales, Irán se encontraría con el enemigo en su frontera.

Sí, el Kurdistán cuenta con un poderoso aliado.

Porque existe otro Estado en Oriente Medio formado por personas originarias de una diáspora y que cuenta con la enemistad eterna de las naciones árabes. Un Estado que busca un aliado en la región y que no dispone de recursos petrolíferos propios. Como se suele decir, el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Y en Oriente Medio no habría mejor amigo para Israel que un Kurdistán independiente.

Hace apenas algunos meses, Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, se convertía en el primer líder mundial en posicionarse en favor de un Kurdistán independiente. En el artículo anterior, ya comenté cómo el Kurdistán ha enviado petróleo a Israel a través de Turquía y las repercusiones económicas que una alianza entre los dos países supondría.

A nivel geopolítico, una alianza entre Israel y el Kurdistán supondría el fin del gobierno chií de Bagdad, apoyado por Teherán, y la posibilidad de ejercer presión sobre el gobierno iraní. Para los kurdos, sería un primer paso para normalizar las relaciones diplomáticas con los aliados de Israel, especialmente los Estados Unidos.

Sin embargo, aliarse con Israel supone un gran riesgo para el Kurdistán, ya que equivaldría a enemistarse con el resto de países árabes, especialmente los del Golfo pérsico. Los kurdos necesitan mantener relaciones con los árabes, tanto por comercio como por seguridad. Un Kurdistán aislado de sus vecinos y alineado con los países occidentales no sólo se convertiría en el nuevo Israel, sino además en un enemigo común para árabes y persas.

No, los suníes temen la expansión iraní en Irak.

Arabia Saudí no teme la influencia israelí en Oriente Medio, sino la expansión iraní hacia los territorios chiíes.

Si los kurdos declararan la independencia en el norte de Irak y el país se dividiera en tres partes, nada impediría que los iraníes se hicieran con el control de las zonas chiíes. No sólo se harían con gran parte de las reservas del país, sino que además Irán tendría una frontera de facto con Arabia Saudí.

Durante la primavera árabe, la mayoría chií de Bahrein se rebeló contra la minoría suní que detiene el poder. Sin apenas cobertura periodística, Arabia Saudí y Qatar enviaron apoyo militar para aplastar rápida y eficazmente el conato de rebelión. Un Bahrein en manos de los chiíes habría supuesto, según ambos países, una puerta de entrada a la influencia iraní a pocos kilómetros de sus fronteras

Precisamente por ello, hay que considerar que Arabia Saudí reaccionaría con la misma brutalidad ante la partición de Irak tras la independencia del Kurdistán.

En último lugar, un Kurdistán independiente modificaría los precios del petróleo, que hasta ahora controla el reino saudí. No es de extrañar que Arabia Saudí haya mantenido el precio del crudo en el mercado internacional en mínimos históricos. Perjudica al Estado Islámico, a Irán, a Rusia…y al Kurdistán. Casualmente todos ellos sus rivales.

Sí, el Kurdistán es garantía de estabilidad regional.

Durante los últimos años, el Kurdistán iraquí se ha mantenido como un oasis tranquilo en medio de un desierto agitado por las luchas sectarias y la violencia contra los civiles.

Después de años de luchas internas, el liderazgo kurdo se ha unido para formar un gobierno en Erbil. Un gobierno que ha forjado una relación estable con los grupos chiíes de Irak, se ha ganado el apoyo y la confianza de Estados Unidos y ha logrado convertir un territorio pobre y árido en el motor económico de Irak.

Por si no fuera suficiente, los Peshmerga kurdos, en Irak, y los milicianos del YPG, en Siria, han sido las únicas fuerzas militares capaces de medirse al Estado Islámico y no salir derrotados. Mientras el ejército iraquí huía de Mosul y los rebeldes moderados sirios eran masacrados sistemáticamente, los gobiernos occidentales han visto en los kurdos una garantía de estabilidad en la región, frente al yihadismo y la violencia sectaria.

No, Estados Unidos está en contra.

Y sin embargo, el Kurdistán se enfrenta a su mayor reto para lograr la independencia: convencer a unos escépticos Estados Unidos que la independencia, y la partición de Irak, es la única solución para lograr la estabilidad en la región.

Durante años, la autoridad norteamericana en Irak ha intentado contrarrestar el poder chií dentro del gobierno, impulsando políticas que tuvieran en cuenta a las tres comunidades del país con escaso éxito.

Igual que Arabia Saudí, EEUU es consciente de que la partición de Irak eliminaría la barrera que contiene al régimen de Irán y que impide su expansión por el sur del país, rico en petróleo. Mientras kurdos y suníes participen en el parlamento iraquí, se contiene la amenaza iraní.

Estados Unidos comparte la idea sobre la necesidad de un Kurdistán fuerte como garante de la estabilidad regional, pero dentro de Irak. Además de la seguridad regional, las razones son principalmente económicas. Washington sabe que, mientras Irak continúe unido, podrá seguir importando el petróleo kurdo, a través de Kirkuk hacia el sur de Turquía con destino al mercado occidental.

La independencia de Kurdistán supondría una incógnita y un riesgo que Washington no está dispuesto a asumir.


¿Te has quedado con ganas de más? Puedes consultar todos los artículos sobre la independencia del Kurdistán aquí.

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Análisis sobre los conflictos, la actualidad y el futuro de Oriente Medio. De Egipto a Turquía y de la política en Líbano a la guerra civil siria.

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