La odisea de los refugiados sirios en Jordania

Abu Suleiman se considera un afortunado. Después de vagar por el desierto durante una semana, consiguió alcanzar la frontera jordana con todas sus pertenencias a cuestas. En las afueras de Damasco, su casa fue destruida por los incesantes bombardeos y huyó hacia el sur para poner a salvo a su familia. Una vez en Jordania, ACNUR registró a Abu Suleiman, a su mujer y a sus tres hijos y les asignó una tienda en el campo de refugiados sirios de Zaatari, en el norte del país.

Abu Suleiman se considera un afortunado porque su hermano, ingeniero, vivía desde hacía años en Amman. Gracias a su hermano, la Dirección General de la Seguridad de Jordania le concedió un permiso para salir del campo y trasladarse a la capital a casa de sus familiares. “De momento, he conseguido sacar a mi familia de Zaatari, pero aún nos queda un largo camino por recorrer. Necesito un permiso de trabajo que cuesta 290 dinares (315 euros) y los únicos empleos que puedo encontrar están mal pagados. Nos pagan la mitad que a los jordanos”, protesta Abu Suleiman.

Existen tres maneras de salir de Zaatari: volver a Siria, pagar sobornos a los guardias para escapar o tener conocidos en Jordania que se puedan hacer cargo. De lo contrario, la Dirección General de la Seguridad de Jordania sólo concede permisos de tres días, difíciles de conseguir, durante los cuales, agentes de paisano vigilan todos sus movimientos para asegurarse de su vuelta a Zaatari.

Zaatari

Zaatari refugee camp. Photo © Dominic Chavez/World Bank

Un mar interminable de tiendas de campaña y barracones prefabricados cubiertos por la arena del desierto jordano. Ese es el aspecto que tiene el campo de refugiados de Zaatari, en el norte de Jordania, el mayor del país. En un principio se construyó para albergar a 30.000 personas, pero en abril de 2013, más de 200.000 sirios se apiñaban en este pequeño trozo de terreno de apenas 3 km2.

En total, unos 400.000 sirios han pasado por este campo desde el principio del conflicto en Siria. Hoy, 79.000 viven en él. La mayoría lo ha abandonado para volver a la guerra de la que escaparon. Muchos prefieren “una muerte rápida en Siria que una muerte lenta en Zaatari”. Unos pocos han tenido más suerte y han podido salir del campo gracias a la solidaridad de algunos ciudadanos jordanos, que han acogido en sus casas a refugiados sirios. La mayoría, sin embargo, tienen que recurrir al soborno para tener una oportunidad de escapar.

El campo se ha convertido en un lugar de internamiento, donde los refugiados son retenidos para evitar “problemas de seguridad”. La realidad, sin embargo, es muy diferente. A pesar de que el número oficial de refugiados sirios en Jordania sea de 619.000, el número se acerca más al millón de personas. Un 84% malvive en las principales ciudades de Jordania como Amman o Irbid, trabajando ilegalmente por la mitad del salario que un jordano, con el consiguiente riesgo de ser detenidos por la policía y devueltos a Zaatari.

La otra opción es resignarse a vivir de la caridad de las agencias de cooperación, que distribuyen tarjetas personales de débito a cada persona que vive en los campos gestionados por ACNUR, para que puedan comprar comida y agua en el mercado.

¿Quién teme a los refugiados sirios?

Según una encuesta de la Universidad de Jordania, el 65% de los jordanos se oponen a la presencia de refugiados sirios en el país1, y están a favor de cerrar las fronteras para evitar su entrada. Sus razones: la subida de los precios de los alimentos y del alquiler, la falta de agua y el aumento de la inseguridad.

La mayoría de los jordanos teme que, entre los sirios, se escondan contrabandistas y traficantes de armas, y que su presencia en el país haga volver fantasmas del pasado reciente. Hace 67 años, con la llegada de los refugiados palestinos tras la creación del Estado de Israel, Jordania dobló su población. Junto a los civiles, llegaron milicias armadas que más tarde se convertirían en la Organización por la Liberación de Palestina (OLP). Con las sucesivas guerras entre los países árabes e Israel, más refugiados acudieron al país, desestabilizando peligrosamente los equilibrios sociales en el reino Hachemita. El rey Hussein, temiendo que Yasser Arafat tuviera en mente dar un golpe de estado para hacerse con el control de Jordania, movilizó sus divisiones blindadas contra las posiciones palestinas en Amman y otras ciudades. 13 días más tarde, las milicias palestinas eran derrotadas y obligadas a buscar refugio en Líbano, junto a miles de refugiados.

Las cifras hablan de una realidad muy diferente. Desde 2012 la criminalidad ha caído un 10%, debido, en parte, al férreo control que ejerce la policía sobre los sirios dentro y fuera de los campos de refugiados.

Ciertos indicadores económicos muestran que la presencia de refugiados sirios en Jordania es incluso beneficiosa ya que, además de atraer capital extranjero al país, las agencias de cooperación como ACNUR únicamente compran alimentos producidos localmente y que no se encuentran subsidiados. En total, se estima que unos 1.000 millones de dólares entran en Jordania cada año desde la crisis humanitaria en Siria.

No todos los jordanos se benefician de la presencia de refugiados sirios en sus calles. Los sectores más desfavorecidos de la sociedad han visto como su poder adquisitivo desaparecía en apenas unos años. En las zonas urbanas, los alquileres han aumentado un 30% desde 2012 hasta los 250 euros, en un país donde el salario mínimo es de apenas 212 euros al mes. Una carga imposible de sostener.

El reto de ser una mujer refugiada

Zaatari refugee camp. Photo: UN Women Jordan/Abdullah Ayoub
Zaatari refugee camp. Photo: UN Women Jordan/Abdullah Ayoub

En Jordania, al menos 60.000 familias refugiadas. Además de cuidar de su familia, estas mujeres deben hacer frente a la discriminación y al acoso sexual a diario. Apenas el 9% ha conseguido trabajo, por lo que dependen, casi exclusivamente, de la ayuda que proveen las organizaciones locales o agencias internacionales de cooperación.

“Para cientos de miles de mujeres, escapar de sus hogares en ruinas fue solo el primer paso en una odisea que aún no ha terminado,” señaló António Guterres, Alto Comisario de la ONU para los refugiados al presentar el informe Women alone: The fight for survival by Syria’s refugee women. “Han agotado todos sus ahorros, se enfrentan a amenazas diarias y se les trata como delincuentes por el único crimen de haber perdido a sus maridos en una guerra terrible. Es una vergüenza. Se les humilla por haber perdido todo.”

Por si fuera poco, muchas mujeres se ven obligadas a casarse antes de haber cumplido los 16 años en matrimonios de conveniencia, con los que las familias obtienen algo de dinero para poder subsistir. La mejor definición que he leído hasta la fecha sobre esta vergüenza es la de Andrew Harper, representante de ACNUR en Jordania: “Se le puede llamar violación, se le puede llamar prostitución o se le puede llamar como se quiera. Es aprovecharse de los más débiles”.

¿Cómo podemos ayudar?

Si tienes tiempo, hazte voluntario en la ONG que se ajuste más a tus valores. Trabajen con los refugiados sobre el terreno o no, es una forma de ayudar de la mejor manera posible, con nuestro esfuerzo.

También puedes contribuir económicamente con las ONG que están en los campos de refugiados (puedes encontrar un listado completo aquí). Habiendo trabajado en campos de refugiados, siempre me ha fascinado la dedicación de los cooperantes de Médicos sin Fronteras y de Cruz Roja. No sólo realizan una excelente labor, sino que permanecen sobre el terreno cuando muchas otras ONG se marchan por la peligrosidad.

Por último, ¡difunde! Habla con familiares y amigos para que ellos también sean conscientes de la odisea a la que se enfrentan los refugiados sirios en Jordania y en otros países como Líbano o Turquía. Si acaban hartos de oír hablar de refugiados, vas por buen camino.

Análisis sobre los conflictos, la actualidad y el futuro de Oriente Medio. De Egipto a Turquía y de la política en Líbano a la guerra civil siria.

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