10 lecciones aprendidas en Tikrit (y cómo aplicarlas en la ofensiva de Mosul)

Tikrit Irak Mosul

A principios de febrero de este mismo año, 20.000 soldados iraquíes se comenzaron a movilizar en los alrededores de la ciudad de Tikrit1 para preparar la ofensiva que acabaría con el dominio del Estado Islámico sobre la ciudad natal de Saddam Hussein, y que representaría la primera gran victoria de las fuerzas iraquíes sobre los yihadistas, después de encadenar un año de derrotas vergonzosas y avances pírricos.

La ofensiva fue presentada como la unión iraquí frente a la barbarie yihadista. Por primera vez, milicias suníes lucharían junto a los milicianos chiíes y a los soldados del ejército iraquí. En apenas unos días, las fuerzas gubernamentales aplastaron la resistencia del Estado Islámico en los alrededores de Tikrit y rodearon a los cientos de yihadistas que quedaron atrapados dentro de la ciudad2. El 14 de marzo, dos semanas tras el inicio de la ofensiva, el gobierno de Bagdad proclamaba, orgullosamente, que controlaba gran parte de Tikrit, y que la batalla finalizaría en “tres o cuatro días”3.

Tras un mes de ofensiva, el inicio de una campaña de bombardeos de la coalición4 y la llegada de refuerzos5, las tropas iraquíes acabaron con los últimos focos de resistencia en Tikrit, a costa de sufrir importantes pérdidas humanas.

Una vez tomada Tikrit, las miradas se dirigen hacia el próximo objetivo: Mosul. Una ciudad de millón y medio de habitantes, 6 veces mayor que Tikrit, cuya captura podría marcar un antes y un después en la guerra contra el Estado Islámico. ¿Qué lecciones hemos aprendido en Tikrit y cómo se pueden aplicar a la ofensiva contra Mosul?

La propaganda es peligrosa

En junio de 2014, el pánico creado por la violencia extrema del Estado Islámico y acentuado por su propaganda, fue uno de los motivos que provocó el desmoronamiento del frente en el norte de Irak, permitiendo a los yihadistas conquistar Mosul sin lucha y llegar a las puertas de Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, antes de que pudieran ser frenados6.

Sin embargo, el uso de la propaganda durante la ofensiva iraquí ha mostrado hasta qué punto puede ser contraproducente. La campaña mediática para mostrar a los soldados iraquíes, especialmente los pertenecientes a las milicias chiíes, como crueles y terribles combatientes sin miedo a la muerte7, repitiendo los estereotipos del Estado Islámico, únicamente ha servido para agudizar más la brecha sectaria entre suníes y chiíes y para reforzar la narrativa yihadista: el EI existe para proteger a la población suní de la violencia chií8.

La propaganda mediática del Estado Islámico sirvió para conquistar Mosul, pero copiar estos mismos métodos sólo demuestra hasta qué punto los extremistas suníes y chiíes se asemejan en sus métodos. Más peligroso aún, el izado de las banderas amarillas pertenecientes a las milicias chiíes junto a la bandera nacional en los edificios conquistados, la repetición de lemas y cánticos chiíes y la presencia de fuerzas de apoyo iraníes sobre el terreno9 impulsan la propaganda yihadista haciendo que la población suní de Irak se vuelva más permeable al extremismo violento.

AHMAD AL-RUBAYE/AFP/Getty Images
AHMAD AL-RUBAYE/AFP/Getty Images

La cooperación es necesaria…

En Tikrit, 30.000 combatientes participaron en la ofensiva contra el Estado Islámico. Apenas una décima parte eran milicianos suníes aliados, entre 1.000 y 3.000, mientras que los soldados iraquíes representaban entre 3.000 y 4.000 hombres. La gran mayoría estaba formada por milicianos chiíes, más de 20.000, que contaban con el apoyo logístico de elementos de los Cuerpos Revolucionarios de Irán10. Una alianza supuestamente representativa del espectro social iraquí bajo el mando del gobierno de Bagdad que, sin embargo, dejaba entrever quién dirigía realmente las operaciones.

En el caso de Mosul, la cooperación entre todos los actores es necesaria. Según fuentes del ejército norteamericano11, serían necesarias alrededor de 11 brigadas kurdas e iraquíes (entre 45.000 y 60.000 hombres) más el apoyo de milicianos suníes y la población local para conquistar la ciudad.

Mientras que los Peshmerga kurdos están mejor posicionados para dirigir el ataque contra Mosul, no cuentan con armamento pesado, una ventaja que el ejército iraquí posee12. Sin embargo, sería necesario contar además con las milicias chiíes cuya presencia fue imprescindible en Tikrit dada la debilidad actual de las fuerzas armadas iraquíes.

Ya que ningún actor implicado posee la capacidad de llevar a cabo dicha ofensiva sin apoyo externo es impensable que esta se lleve a cabo sin involucrar a todas las fuerzas que luchan actualmente contra el Estado Islámico.

…pero cuidado con la política

Sin embargo, tal cooperación plantea interrogantes políticos. Durante la ofensiva de Tikrit, las milicias chiíes que luchaban junto al ejército iraquí se retiraron del combate, como protesta, tras el inicio de los bombardeos por parte de Estados Unidos13.

Una coalición de kurdos, gobierno iraquí, milicias chiíes y milicias suníes, apoyados a su vez por Estados Unidos e Irán representaría un alto riesgo político para todos los actores implicados por la oposición que podría encontrar en las respectivas opiniones públicas, especialmente cuando el mayor interrogante es quién gobernaría Mosul, y su rica región petrolífera, tras su caída.

Por otra parte, teniendo en cuenta la situación actual, Mosul sería atacada por el norte y el este, desde las posiciones kurdas ejecutando un movimiento en pinza. Ello conlleva que el ejército iraquí y las milicias chiíes deberían encontrarse en territorio controlado efectivamente por los Peshmerga para lanzar la ofensiva.

Tal concentración de fuerzas dispares supondría un alto riesgo de confrontación para los propios actores implicados y, en especial, para el Gobierno Regional del Kurdistán (KRG), que podría perder el control de una parte del territorio reclamado históricamente por los kurdos.

Operation Iraqi Freedom

La superioridad numérica no es el factor más importante

Al contrario de lo que expresaba Clausewitz, en Irak y en Siria “la superioridad numérica (no) es el factor más importante en el resultado del combate”. Al contrario, emplear de forma inteligente la inferioridad numérica ha dado mejores resultados para todas las partes del conflicto, tanto en la ofensiva como en la defensa.

En Kobane14, unos 1.000 defensores pertenecientes a las milicias kurdas contuvieron la ofensiva de fuerzas entre 5 y 10 veces mayores. En Mosul15, unos cientos de milicianos yihadistas hicieron huir a 30.000 soldados iraquíes que defendían la ciudad.

Por su parte, la ofensiva de Tikrit ha necesitado de hasta 30.000 soldados para derrotar a unos cientos de milicianos yihadistas atrincherados en la ciudad en una campaña que ha durado un mes y medio y en las que el ejército iraquí ha sufrido duras pérdidas16.

Defender es más fácil que atacar

Como escribió Clausewitz: en la guerra, la defensa es más fuerte que la ofensiva, ya que es más fácil mantener una posición que tomarla. Kurdos y yihadistas, en Kobane y Tikrit respectivamente, han sabido emplear las tácticas defensivas en su provecho, recurriendo a la guerrilla urbana y forzando a las fuerzas contrarias a tomar casa por casa para desalojar a los defensores, perdiendo así la ventaja de la superioridad numérica.

Una ciudad en ruinas dificulta los avances de los atacantes y proporciona a los defensores la posibilidad de establecer mejores posiciones y de recurrir al uso de explosivos escondidos17, como ha sucedido en Tikrit y Kobane con anterioridad.

La cobertura aérea es imprescindible

Durante las primeras semanas, en Tikrit, las fuerzas iraquíes combatieron calle por calle contra los yihadistas sin lograr grandes avances y a costa de un millar de bajas entre sus filas18. No fue hasta el 25 de marzo cuando Estados Unidos y otros países de la coalición intervinieron bombardeando posiciones del Estado Islámico dentro de la ciudad19, permitiendo la derrota yihadista y reduciendo las bajas entre los combatientes iraquíes.

No hay dudas sobre la necesidad de contar con apoyo aéreo para derrotar al Estado Islámico en Mosul, pero una vez más, la cuestión se reduce a un juego político. En Tikrit, al ser una operación principalmente llevada a cabo por milicias chiíes, consideradas terroristas por numerosos países de la coalición, y co-dirigida por Irán, Estados Unidos no intervino hasta que se comprobó que la ciudad no caería sin los aviones de la coalición.

En Mosul la cuestión es más complicada, no sólo por la posible presencia de los mismos grupos chiíes apoyados por Irán, sino por otras organizaciones también consideradas terroristas como el PKK kurdo, y por milicias kurdas contrarias a los intereses iraníes.

AHMAD AL-RUBAYE/AFP/Getty Images
AHMAD AL-RUBAYE/AFP/Getty Images

La presencia de civiles es un reto

En Tikrit, una ciudad de mayoría suní de 250.000 personas antes de la guerra, los civiles abandonaron sus casas antes de la ofensiva, no sólo por miedo a los combates, sino por temor a las represalias de las milicias chiíes. Según el gobierno iraquí20, únicamente dos civiles murieron en la ofensiva contra Tikrit, una cifra difícil de creer aun cuando la mayoría de no combatientes había efectivamente evacuado la ciudad antes de la batalla.

En Mosul, una ciudad de 1.800.000 habitantes, es de prever que no sería posible evacuar a la población civil antes del inicio de la ofensiva. De hecho, el Estado Islámico estaría interesado en mantener a los civiles dentro de la ciudad, ya que, por una parte, su éxodo provocaría una crisis de refugiados difícil de asumir y, por otra, un alto número de civiles muertos podría ser utilizado como propaganda por el grupo yihadista.

Preparación, preparación y preparación

La clave de la toma de Mosul es la preparación. En Tikrit se comprobó que, a pesar de estar armados y entrenados por Estados Unidos, los soldados iraquíes no poseen experiencia real de lucha en un entorno urbano. Las milicias chiíes, mucho más acostumbradas a la guerra de guerrillas tras años de insurgencia contra las fuerzas norteamericanas, fueron esenciales a la hora de tomar la ciudad.

En ese sentido, las fuerzas Peshmerga están mejor preparadas y poseen más experiencia en combate urbano que sus homólogos iraquíes, a pesar de la falta de armamento y de apoyo internacional21.

Es necesario planificar antes de atacar

En Tikrit, tras varias semanas de combates encarnizados, el Estado Islámico fue derrotado, dando paso a una oleada de saqueos y de acusaciones de matanzas contra suníes22. Después de haber planificado la operación se falló en prever la previsible violencia que surgiría tras la toma de Tikrit.

En Mosul la cuestión es más compleja. No sólo es necesario impedir cualquier acto de violencia contra los civiles que, a corto plazo, provocaría la aparición de una insurgencia local, sino que es necesario establecer quién controlará Mosul tras su conquista.

La población de Mosul, mayoritariamente suní, posee un elenco de malas opciones. Entre el yugo del Estado Islámico y la brutalidad de las milicias chiíes, los suníes iraquíes perciben a los kurdos como el menor de los males23, pero será necesaria una real integración de los kurdos dentro del gobierno de la ciudad para evitar reactivar el ciclo de odio que ha permitido la aparición de grupos extremistas con un claro discurso sectario dentro de Irak.

En este sentido, es esencial contar con fuerzas locales integradas en la ofensiva. En algunas zonas del norte de Irak, los Peshmerga han entrenado y armado a milicianos cristianos y yazidíes como uno de los pilares para ganar el apoyo de la población local. La presencia de milicianos suníes, integrados en las fuerzas Peshmerga, durante la ofensiva en Mosul es imprescindible.

milicias cristianas Iraq Peshmerga
Photo by Emrah Yorulmaz/Anadolu Agency/Getty Images

La ofensiva debe integrarse en la estrategia a largo plazo

Mientras las fuerzas iraquíes acababan con los últimos focos de resistencia del Estado Islámico en Tikrit, cientos de yihadistas que habían escapado al asedio iraquí se reagrupaban cerca de Ramadi y lanzaban una ofensiva contra la ciudad, capital de la provincia de Anbar, al oeste de Bagdad24. Incapaces de contener el ataque, los defensores de Ramadi, en su mayoría milicianos suníes contrarios al EI, retrocedieron hasta llegar a combatir en pleno centro de la ciudad.

El mayor problema es que hay una constante de victorias iraquíes seguidas por derrotas desde el inicio de la crisis del Estado Islámico. Cada ofensiva del ejército ha sido seguida por una contraofensiva yihadista, igual de efectiva, que impide ningún avance en la lucha contra el EI.

El ataque a Mosul debe integrarse en la estrategia de derrota del Estado Islámico a largo plazo impidiendo que la conquista de la ciudad suponga la pérdida de otros territorios. Es inútil destinar grandes recursos a una ofensiva si con ello se pone en jaque la capacidad defensiva en otros lugares del frente.

Análisis sobre los conflictos, la actualidad y el futuro de Oriente Medio. De Egipto a Turquía y de la política en Líbano a la guerra civil siria.

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