¿Quién controla al ejército libanés?

Hace algo más de un año, escribí un artículo sobre la falta de liderazgo entre los suníes libaneses. Por aquel entonces, Saad Hariri, líder del mayor partido político suní, se encontraba exiliado en París por miedo a sufrir un atentado, como le pasó a su padre Rafiq Hariri.

Su ausencia durante 3 años creó un vacío político entre la comunidad suní en Líbano. Con el inicio de la guerra civil siria y la intervención de Hezbollah para ayudar a las tropas de al-Assad, muchos suníes cambiaron el azul y el blanco del partido de Saad Hariri por las banderas negras del Islam más extremista. Al fin y al cabo, si Hezbollah actuaba impunemente contra los suníes sirios, ¿por qué no podían los suníes libaneses contraatacar en su propio país?

Eso mismo debieron pensar los seis soldados del ejército libanés que en los últimos meses han desertado para unirse a las filas de al-Nusra (la filial de al-Qaeda en Siria) o del Estado Islámico.

El descontento es notable entre los suníes que sirven en el ejército libanés. Y sin embargo, hace años, esta era la institución mejor valorada entre todas las comunidades religiosas en un país desgarrado por la guerra civil.

Primero fueron las insinuaciones que aseguraban que el ejército libanés estaba siendo infiltrado por Hezbollah. Luego, los combates entre el ejército y los yihadistas en Sidón, Trípoli o Arsal, y los rumores que milicianos chíies combatían junto a los soldados regulares. Poco a poco, las fuerzas armadas han perdido su reputación de ‘neutralidad’ frente a los conflictos internos.

El ejército libanés lucha en demasiados frentes

El primero está situado frente a la frontera israelí, donde los soldados libaneses se desplegó después de la guerra de 2006 en apoyo de los cascos azules de la UNIFIL presentes en el sur del país. El ejército dispone de apenas 3 brigadas para mantener la seguridad, vigilar la frontera y por si fuera poco, recordar que es el estado libanés, y no Hezbollah, quien ejerce la soberanía en la zona.

El segundo frente se encuentra en los 280 kilómetros de frontera que Siria y Líbano comparten desde el Mediterráneo hasta los Altos del Golán. En una región donde el contrabando de personas, de mercancías o de armas es un medio de vida para sus habitantes, la cercana guerra civil siria no ha hecho sino empeorar la situación. Además, esta frontera incluye el pueblo de Arsal, al noreste del Líbano, rodeado de enclaves de Hezbollah y repleto de refugiados sirios y combatientes del Estado Islámico y del Frente al-Nusra.

Por supuesto, el tercer frente es mantener la seguridad y la paz en el Líbano, incluyendo los 12 campos de refugiados palestinos y las amplias zonas que, en la práctica, están bajo control de Hezbollah.

En teoría, el ejército libanés cuenta con 55.000 soldados dispuestos a entrar en combate. Sin embargo, la realidad es más trágica. Si no contamos a los mandos superiores, a los nuevos reclutas o a aquellos que realizan tareas de logística, el número de soldados operativos apenas supera los 8.000. Sólo en Siria, Hezbollah dispone de unos 10.000 milicianos1, bien armados y con amplia experiencia de combate.

Las tropas de élite del Líbano están equipadas con armamento de los años 60

Estados Unidos fue el país que más apoyó al ejército libanés antes de 1975, ya que lo veía como un garante de la estabilidad del país y de la región frente a la mayoría de países árabes que recibía armamento de los soviéticos. Sin embargo, este esfuerzo acabó, en la década de los 80, con tropas norteamericanas involucradas en medio de la guerra civil libanesa.

Aún peor, el armamento norteamericano acabó en manos de las milicias cuando los soldados que integraban las diferentes unidades del ejército desertaron. De hecho, durante un tiempo, el lema irónico de la 6ª brigada mecanizada, formada principalmente por chiíes, fue “Servimos y desertamos”. Un regalo para la milicia chií Amal.

Estados Unidos aprendió del error y durante los siguientes años no participó en el rearme del ejército libanés. Sin embargo, tras la retirada de las tropas Sirias en 2005, reconsideraron su postura y contribuyeron con 200 millones de dólares.

Pero no es oro todo lo que reluce. Estados Unidos sigue preocupado que las armas que envíe al ejército puedan caer en manos de Hezbollah (y por consiguiente de Irán o de Siria). Por ello, sólo envía hacia el Líbano, armamento pesado que esté obsoleto, como vehículos de transporte M-113 de la década de los 50 o tanques T-55 de los 70.

De hecho, es muy común en el Líbano ver entrar en acción a los soldados sin chaleco antibalas o cascos de protección.

Photo: Mohammed Zaatari
Enfrentamientos en Sidón (Líbano), Junio 2013. Foto: Mohammed Zaatari

El ejército es un instrumento en manos de demasiados actores

A finales de 2013, Arabia Saudí anunció en una conferencia2 que proporcionaría 3 mil millones de dólares en armas compradas a Francia. Por supuesto, este “regalo”, como lo calificó el gobierno libanés, era una jugada diplomática para mejorar las relaciones con el país galo y venía con algunas condiciones, como invertir una cantidad importante en política antiterrorista y mejorar la seguridad de las embajadas (especialmente la americana y la saudí). Además, Arabia Saudí se aseguraba de mantener una influencia suní dentro del gobierno libanés para contrarrestar la influencia de Hezbollah.

Saad Hariri, hijo del asesinado primer ministro Rafiq Hariri, no tardó en seguir a los saudíes y en anunciar que pondría mil millones de dólares de su propio bolsillo para financiar al ejército. Aunque no dudo del altruismo de Saad Hariri, su oferta era de todo menos desinteresada. Después de 3 años fuera del Líbano, necesitaba un golpe de efecto con el que regresar, fortalecido, a Beirut. De esta manera pretendía ‘ganarse el favor’ de los suníes desencantados que se habían acercado hacia posiciones más radicales y recordarles que las fuerzas armadas seguían siendo esa institución neutral en la que podían confiar.

Curiosamente, el único actor implicado que ha cumplido su palabra de financiar al ejército libanés (o de intentarlo) ha sido Irán. Por supuesto, alarmado ante la posibilidad de que los chiíes ganaran más peso dentro del ejército, Estados Unidos bloqueó el envío de armas amparándose en la Resolución de la ONU 1747 (2007)3:

“Irán no deberá suministrar, vender ni transferir en forma directa o indirecta, desde su territorio o por conducto de sus nacionales, o utilizando buques o aeronaves de su pabellón, armas ni material conexo, y que todos los Estados deberán prohibir la adquisición de esos artículos del Irán por sus nacionales, o utilizando buques o aeronaves de su pabellón, procedan o no del territorio del Irán;”

Los enemigos del ejército son los enemigos de Hezbollah

Hoy en día no existe el riesgo, como durante la guerra civil, de deserciones masivas hacia al-Nusra o el Estado Islámico. El descontento hacia el ejército proviene de un sector minoritario dentro del mismo. Habrá mas deserciones, pero con cuentagotas.

Desde el inicio de la guerra civil en siria, las fuerzas armadas ha perdido su status de potencia neutral en Líbano. Los rumores que sugieren que los soldados libaneses han luchado en Sidón o Arsal junto a milicianos de Hezbollah son parcialmente ciertos y dañan irreparablemente la imagen del ejército. En ambos lugares, miembros de la milicia chií se mantuvieron en segunda línea, estableciendo checkpoints y protegiendo la retaguardia mientras las tropas libanesas avanzaban.

El ejército libanés y Hezbollah colaboran de facto, no por afinidad ideológica ni porque el primero esté controlado por Irán, sino por compartir un objetivo común: derrotar al yihadismo suní en Líbano.

Lógicamente, los altos mandos del ejército han marcado sus distancias con Hezbollah, pero únicamente fuera del campo de batalla. En la práctica, cuando este se ha enfrentado a milicianos suníes, Hezbollah ha participado, con el beneplácito del ejército.

Si el ejército no establece claramente que Hezbollah no participará en las operaciones contra el yihadismo suní, corre el riesgo de ligar su futuro al de la milicia chií y, por consecuencia, a la evolución de la guerra civil siria.

Análisis sobre los conflictos, la actualidad y el futuro de Oriente Medio. De Egipto a Turquía y de la política en Líbano a la guerra civil siria.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Sígueme para conocer la actualidad de Oriente Medio, al momento