Pobreza, guerra y caos: el cóctel perfecto del yihadismo en Líbano

Ejercito libanés Tripoli Líbano

No es ningún secreto que el gobierno libanés no controla amplias zonas de su territorio. Desde los campos de refugiados palestinos hasta las zonas chiíes del sur del país, el ejército libanés, neutral, debilitado, sin armamento ni entrenamiento adecuado, y sobre todo sin la capacidad ni la voluntad para medirse en combate con alguna de las milicias presentes en Líbano, sigue una política de no intervención en estas zonas a menos que sea estrictamente necesario. Es lo que se conoce como ‘el Estado dentro del Estado’.

Tras el final de la guerra civil, los radicales suníes se supieron aprovechar de las oportunidades que ofrecía el paradigma del ‘Estado dentro del Estado’1. En las zonas con mayor pobreza de las ciudades de Trípoli y Sidón, así como en los campos de refugiados palestinos2, los salafistas atrajeron a una juventud descontenta por la pobreza, la apatía del gobierno libanés y la falta de oportunidades en lo que se convertiría en el embrión de los grupos yihadistas en Líbano.

Desde entonces, el yihadismo libanés ha evolucionado, pero sus causas siguen siendo las mismas.

La pobreza

La invasión de Irak de 2003 ofreció una oportunidad única al movimiento salafista para extender su influencia en el país de los cedros. Algunos de los jóvenes que partieron a luchar, junto a la insurgencia suní, regresaron al Líbano para crear Fatah al-Islam (en árabe, “La conquista del Islam”), un grupo que tendría un gran impacto en los campos de refugiados palestinos durante los siguientes años.

Con una tasa de paro del 60%3, y la ausencia total de oportunidades laborales (ya que la ley libanesa prohibe el acceso de los palestinos a la mayoría de profesiones), más del 66% de los refugiados palestinos en Líbano viven bajo el umbral de la pobreza4. Unido a la debilidad y a la pérdida de influencia de las milicias palestinas ‘tradicionales’ como Fatah, los campos de refugiados se convirtieron en un peligroso caldo de cultivo para los movimientos extremistas.

En mayo de 2007, tras una redada contra miembros de Fatah al-Islam en la ciudad de Trípoli, milicianos yihadistas atacaron posiciones del ejército libanés en el cercano campo de refugiados palestinos de Nahr el-Bared. Los combates, que se extendieron durante tres meses, mostraron el alcance del yihadismo en Líbano. El alcance del conflicto no sólo se dejó sentir en los feudos tradicionales del salafismo como Trípoli o Sidón, sino que llegó a Beirut y a la frontera sur del Líbano, donde 6 coches asesinaron a 20 personas, entre las que se encontraban 6 cascos azules españoles.

En septiembre de 2007, el ejército libanés tomó las últimas posiciones yihadistas dentro de los campos de refugiados palestinos de Trípoli y Sidón, poniendo fin a un conflicto que había acabado con la vida de 500 personas entre civiles, milicianos y soldados.

Aunque algunos miembros de Fatah al-Islam lograron escapar al cerco del ejército libanés, se considera que la organización perdió toda capacidad ofensiva tras la derrota en Trípoli. La mayoría se refugiaron en Sidón o huyeron a Siria para luchar junto a los rebeldes tras el inicio de la guerra civil.

Un soldado libanés observa los combates en el campo de refugiados de Nahr el-Bared, en Trípoli – View image

La revolución y la guerra civil en Siria

2011 marcó un nuevo comienzo para el yihadismo en Líbano. En enero, Saad Hariri, primer ministro libanés y líder del principal partido suní, se exilió por miedo a sufrir atentados tras perder la mayoría en el parlamento libanés, dejando un importante vacío de poder dentro de la propia comunidad suní. En marzo, las primeras manifestaciones en Siria dieron paso en pocos meses a una guerra civil abierta entre partidarios y detractores del régimen sirio. A finales de 2011, milicianos chiíes de Hezbollah luchaban en Siria junto al ejército de Bashar al-Assad.

En los barrios suníes de Trípoli, Sidón o Beirut, las banderas negras del yihadismo comenzaron a reemplazar a las azules y blancas del partido de Saad Hariri. El vacío de poder dentro de la comunidad suní, junto a la violencia creciente en Siria permitieron a los extremistas fortalecer sus posiciones en Líbano con una retórica en la que predominaba la idea de que la guerra civil era una lucha de ‘suníes contra chiíes’. La intervención de Hezbollah en el país vecino para combatir contra los rebeldes no hizo sino ‘confirmar’ la tesis yihadista.

Para los palestinos residentes en Líbano el agravio era doble. No sólo eran suníes, sino que los campos de refugiados palestinos en el sur de Damasco estaban sufriendo el asedio de estilo medieval del ejército de Bashar al-Assad: rendirse o morir de hambre5. El Frente al-Nusra, la filial de al-Qaeda en Siria, se expandió a Líbano a través de los refugiados palestinos que escaparon a través de la porosa frontera entre ambos países y que se establecieron en Sidón y Trípoli.

Un soldado libanés monta guardia en Sidón – View image

Según avanzaba la guerra en Siria, la participación de Hezbollah se hacía cada vez mayor. Para los suníes libaneses no era suficiente combatir en el país vecino del lado de los rebeldes, había que traer la guerra a Líbano.

En junio de 2013, milicianos salafistas del imán salafista Ahmed al-Assir atacaron las oficinas de Hezbollah en Sidón, lo que ocasionó una respuesta del ejército libanés para frenar la escalada de violencia. Los enfrentamientos se extendieron y, durante los siguientes días, los soldados libaneses se enfrentaron a los yihadistas hasta hacerse con el control de la zona.

Durante estos enfrentamientos, por primera vez, se supo de la participación de milicianos de Hezbollah junto al ejército libanés6, un hecho que se ha repetido durante los últimos dos años en la frontera entre Siria y Líbano y que alimenta la idea de un conflicto sectario entre suníes y chiíes.

Un seguidor de Hezbollah sostiene una bandera siria con la imagen de Bashar al-Assad – View image

El yihadismo en Arsal

La cuestión es que el ejército libanés es incapaz de combatir al yihadismo por si mismo. Durante años, las potencias occidentales se han negado a armar y entrenar a los soldados libaneses por miedo a que las armas acabaran en manos de Hezbollah. Irónicamente, es precisamente esta debilidad la que fuerza al ejército a coordinar operaciones conjuntas contra el yihadismo junto a los milicianos chiíes.

Al mismo tiempo, la presencia de Hezbollah junto al ejército libanés alimenta la violencia sectaria contra la propia milicia pero también contra las fuerzas armadas. De hecho, en los últimos meses, 30 soldados libaneses han sido secuestrados en la localidad de Arsal, junto a la frontera siria, por el Frente al-Nusra7.

Es en Arsal donde se libran los mayores combates entre el ejército libanés y los yihadistas y el mejor ejemplo de las causas del yihadismo en Líbano. Este pequeño pueblo, situado junto a la frontera, es un enclave suní dentro de territorio chií controlado por Hezbollah. En una zona tradicionalmente pobre donde el de contrabandista es uno de los empleos más comunes, la llegada masiva de refugiados sirios ha incrementado la presión social y económica sobre los habitantes locales. Ignorados por el gobierno libanés durante años, muchos residentes sienten que los yihadistas son los únicos que defienden los intereses de este pueblo olvidado del noreste de Líbano8.

Análisis sobre los conflictos, la actualidad y el futuro de Oriente Medio. De Egipto a Turquía y de la política en Líbano a la guerra civil siria.

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